El pasado domingo la sociedad granadina -en esta ocasión junto con la malagueña y la onubense- volvió a demostrar que sus aspiraciones están muy por encima de las capacidades de quienes gobiernan nuestras instituciones.

La sanidad pública universal es un derecho fundamental al que nadie va a renunciar. La profesionalidad de quienes trabajan en el Servicio Andaluz de Salud hacen que sea insustituible. Hasta en los hospitales privados saben que cuando la dolencia puede ser grave es mejor ir a la sanidad pública, lo que induce a la mayoría a utilizarla en el resto de casos.

¿Quién lleva la iniciativa en estas demandas? La ciudadanía activa y el personal sanitario. Por lo tanto, la fórmula es sencilla: hay que activar procesos participativos para que la ciudadanía pueda implicarse en los asuntos que atañen al Gobierno (en un sentido amplio) de sus lugares mucho más allá del mero ejercicio del voto.

Básicamente, la participación social es esencial para ejercer de contrapeso con respecto al poder establecido y, de este modo, evitar ciertas actuaciones públicas o privadas que les afectan. El caso de la fusión es un ejemplo clarísimo pues, frente a los recortes en la sanidad pública, la sociedad granadina liderada por el personal sanitario ha conseguido lo más importante: evitar el maltrato.

Pero la participación no puede ser sólo reactiva; la gente tiene propuestas basadas en su experiencia personal, en sus conocimientos académicos o en sus capacidades profesionales. Por lo tanto, el diseño de las políticas públicas debe atender a las demandas en positivo de la gente. De nuevo el personal sanitario está demostrando que tiene propuestas muy claras para mejorar la gestión de la sanidad pública granadina de forma más eficiente que la fusión hospitalaria actual. Ahora que en la Junta empiezan a escuchar, sólo falta que atiendan a la mayoría.

Finalmente, la participación debe suponer también la implicación de la ciudadanía en la gestión de los asuntos públicos. Más allá de que se escuchen sus opiniones, es clave que la sociedad civil pueda participar en las actuaciones cotidianas de nuestras instituciones, evitando así los despropósitos y los vaivenes de los intereses partidistas. En el caso de la fusión, es clave que el Consejo Asesor que no acepta nadie sea sustituido por otras estructuras y procesos administrativos que permitan una participación directa de la ciudadanía y el personal sanitario en la gestión diaria de la sanidad pública granadina.

No sólo se trata de controlar, también se trata de corresponsabilizar a la ciudadanía en los asuntos públicos, dándoles capacidad de decisión e incluso espacios de autogestión. Creamos en la gente, porque así es como creamos sanidad pública.

Alberto Matarán.

Artículo publicado en Granada hoy (01/12/2016)